Nos dimos cuenta de que los problemas prácticos a nivel social no se resuelven si nos limitamos a confiar en una autodeclaración o en certificaciones sociales externas, cuyos estándares distan mucho de los nuestros. También encontramos casos de irregularidades de forma reiterada. Así es como nos percatamos de la importancia de desarrollar y mantener conocimientos especializados a nivel interno sobre cuestiones relacionadas con las condiciones laborales y de crear una herramienta propia como la auditoría social. Porque solo así podremos abordar los problemas de forma proactiva.
En Europa no hay muchas asociaciones ecológicas que también realicen auditorías sociales y formen ellas mismas al personal de inspección. Por eso Bio Suisse decidió encargarse directamente de las sesiones de formación, ya que esto fomenta y mantiene el contacto directo con los distintos inspectores. Y no hay ninguno que no haya recibido formación por nuestra parte. Al mismo tiempo, este contacto directo actúa como catalizador para la motivación, ya que los inspectores ven de inmediato quién está detrás de los procesos, pueden ponerle cara a cada nombre y comprobar que sus comentarios directos se tienen en cuenta y se llevan a la práctica.